¿Buscas algo en especial?

lunes, 25 de septiembre de 2017

Misa Tridentina (Segunda parte).

      Llegamos una hora antes, eran las 9 de la mañana, mis hijos y mi esposa ingresaron al templo, mientras yo me quedé en el umbral esperando en la línea de confesiones, pues como era costumbre anteriormente, había confesiones media hora antes del inicio de la Misa. El templo estaba en total silencio, a lo lejos sólo se escuchaba a un coro ensayar una bella melodía que no se alcanzaba a identificar. Fue toda una experiencia confesarme con un sacerdote anglosajón, él hablando en un español muy limitado, yo hablando en un peor inglés y recibiendo la absolución en latín, según el rito tradicional, psicológicamente impacta y da una sensación de mayor sacralidad al momento, si cabe.

      No voy a describir paso por paso la celebración que vivimos, sólo expondré algunos puntos a resaltar que me impactaron:

El silencio:

       Un silencio de tal grado que me hizo recordar los momentos anteriores a la Misa en la parroquia de Santa Rosa, con el padre Rogaciano, un sacerdote de la vieja escuela al que todos temían por su dureza e inflexibilidad en el cumplimiento de los ritos y la conducta dentro del templo. Por obediencia, había dejado de celebrar en latín, pero aún con el nuevo rito, era implacable en el cumplimiento de las rúbricas y el comportamiento de los fieles. Ahora en ese templo, todo te invitaba a la oración: sin ventanas hacia el exterior y en silencio, todos los sentidos se dirigían hacia el Señor.  El coro NUNCA, repito NUNCA ensayó en el templo. El ensayo fue en un lugar aparte y sólo ingresó con el tiempo exacto para prepararse espiritualmente para la Misa e iniciar el Introito.

El rosario:

         Como preparación a la Misa, veinte minutos antes se rezó el rosario, (lógico, no había coro probando micrófonos o corrigiendo errores en el canto, así que quienes esperábamos la Misa podríamos prepararnos con el rezo del santo rosario). Se estaba rezando en inglés, sin embargo, nos unimos al rezo los cinco, unos en latín, otro en inglés y otros en español.  

El celebrante:

         El sacerdote celebrante era sorprendentemente joven, menos de 30 años, lo mismo que el otro sacerdote que dirigía el coro, fue una grata sorpresa que nos confirmó en la idea de que el rito extraordinario tiene futuro y además es fuertemente valorado por las nuevas generaciones.

Los cantos:

          Obvio, gregorianos, me esperaba la misa de Angelis, pero se utilizó la Misa Orbis Factor (XI), cantos cantados de una manera sutil que invitaba al recogimiento y a mover el alma (que no el cuerpo) hacia Dios, un órgano que aunque austeramente ejecutado, como conviene a la liturgia, estaba a miles de años luz respecto a lo que yo puedo hacer en el órgano de nuestra parroquia. Un canto de comunión sencillo y exquisito a dos voces de sopranos y altos que si no estabas ya arrebatado por la experiencia de comulgar, te terminaba de elevar y una largamente esperada por nosotros Salve Regina final.

Las posturas:

        Acostumbrados a la liturgia en el modo ordinario, estamos acostumbrados a pocos cambios en las posturas, un solo momento para arrodillarse (en la consagración) y que las posturas no se empalman con las oraciones o cánticos. Aquí, los cambios de postura son bastantes, nos arrodillamos el introito, el Credo, la consagración, el Cordero de Dios, la comunión y la post comunión. Fue curioso, porque estás tranquilamente de pie cantando el gloria o el Credo y a medio canto debes sentarte, para volverte a parar unos segundos después al terminar la oración, eso saca de onda bastante.  

La homilía:

         ¡Sorpresa! En español, muy limitado, pero se hacía entender bien. Sin ninguna relación con el Evangelio del día, pero que en este rito no es obligatorio que la tenga. Explicando un punto específico de la doctrina católica, esta vez sobre el primero de los mandamientos. Bastante largo, tal vez por la dificultad del celebrante para leer en español, pero muy didáctico y… ¡otra sorpresa!: al terminar el sermón, un nuevo sermón, ahora en inglés, aunque con otra temática, según pude percibir en mi corto entender del idioma.

El misterio:

        El hecho de celebrar ad Orientem, además de resaltar el carácter sacrificial de la Santa Misa, unido a las oraciones secretas, da a la celebración un halo de misterio: los fieles no pueden ver ni oir lo que está sucediendo en el altar, sólo nos podemos guiar por los movimientos que se alcanzar a percibir desde atrás por parte del sacerdote y el toque de las campanillas, eso te hace sentir en medio de la nube del Monte Tabor: algo está sucediendo lleno de majestad que no entiendes, no esperas y sólo te toca estar atento esperando el momento sublime de la elevación.  

La comunión:

        Por primera vez comulgamos de rodillas. Regularmente todos hacemos una reverencia o genuflexión antes de comulgar, aunque Fernando normalmente gusta comulgar de rodillas, lo cual le ha valido la reprimenda de algún sacerdote de nuestra diócesis, obligándolo a ponerse de pie para recibir al Señor. Ahora todos pudimos hacerlo en el comulgatorio, creo que fue un regalo para todos, pero de manera especial para Fer, que pudo recibirla tal como él lo quisiera hacer siempre, sin el temor de sufrir algún desaire por parte del sacerdote.

Conclusión:

         Nuestra primera experiencia con el modo extraordinario del rito romano la vivimos entre el asombro, la reverencia y la sorpresa. Como un viaje a la ciudad de Dios en la que cada esquina nos preparaba una sorpresa diferente a la anterior.

         Con todo, debo decir que el rito extraordinario puede ser una limitante o un impulso para vivir más a fondo el Misterio, todo dependiendo de tu forma de acercarte a él: Será una limitante si lo que quieres es saber exactamente lo que sucede en el altar, consciente de las palabras y acciones del sacerdote, si buscas una ceremonia transparente, te encontrarás muy perdido en la celebración, tanto por el latín, como porque todo sucede ante el sacerdote, no ante ti. Por el contrario, será un impulso para vivir aún mejor la liturgia, si te acercas a ella buscando la sacralidad y lo inefable: no sabes qué está ocurriendo, pero lo intuyes, porque la ceremonia te rodea en un halo místico que tu espíritu detecta y sigue aunque el oído no lo entienda.

¿Modo Ordinario o modo extraordinario?

        No tengo la menor duda: ambos. Ambos son participación real del sacrificio de la cruz. Ambos te permiten asistir a la liturgia celestial, cada uno desde su propia perspectiva, del mismo modo que escalar la misma montaña desde lados diferentes te brinda diferentes perspectivas del mismo paisaje, ambas muy hermosas. La desacralización de la Litúrgia no es culpa de la forma ordinaria, es la forma en la que la celebramos, la forma ordinaria es muy hermosa si se celebra como debe ser, pero la adulteramos, bajo un falso sentido de participación del pueblo; creemos que es un espectáculo y dejamos de celebrar a Dios para celebrarnos (mal, además) a nosotros mismos, queriendo hacer la celebración amena y divertida, nos olvidamos que Nuestro Señor la instituyó para actualizar su Misterio Pascual, no para divertirnos.

        Resulta que en la Misa Tradicional se cuidan estos aspectos porque a ella asisten sacerdotes y fieles que valoran la reverencia, el respeto y la sacralidad del Sacramento, pero si lo mismo hiciéramos en nuestras celebraciones del rito ordinario, encontraríamos una riqueza enorme en las Misas que hoy tanto descuidamos. Quiero creer que es lo que el mismo Benedicto XVI quiso provocar al permitir la celebración de la Misa Tradicional: que descubriendo el valor de la sacralidad y el temor de Dios que inspira La Misa Tridentina, la proyectáramos hacia la Misa postconciliar, enriqueciendo la participación y sus frutos espirituales.

         La Misa postconciliar nos permite asistir con los cinco sentidos en la celebración, dándonos cuenta conscientemente de lo que sucede en todo momento, desgraciadamente no usamos esos sentidos para asistir al Misterio, distraídos por la falta del sentido de lo sagrado. Sentido de lo sagrado que nos permite experimentar ahora la Misa preconciliar, somos muy afortunados en tener la oportunidad de beber de ambas fuentes. 

          Seguramente no será la única vez que acudamos a la Misa Tridentina como familia, a todos nos dejó algo, ciertamente positivo, incluyendo a Andrés que era más reacio a ella. Ojalá puedas tú en breve tener la misma experiencia que nosotros.

Misa Tridentina (primera parte)

           Domingo 24 de septiembre de 2017 por la mañana. En algún lugar del librero debería estar. Buscaba repasando el lomo de cada libro, fue fácil encontrarlo, pues era el único libro con el lomo deshecho por el tiempo, un viejo Misal del ´62, tiempo en el que aún se celebraba en latín y de “espaldas al pueblo” (luego volveremos con esa expresión, que por el momento es válida para hacernos entender). Lo había rescatado entre varios libros que había dejado mi suegra en su antigua casa al mudarse a Estados Unidos, sería inútil ya, pero era un Misal, y por respeto a la Palabra de Dios y como recuerdo romántico de tiempos ya idos, sería bonito conservarlo, al menos como curiosidad histórica.

          Pero esta vez, no era mi intención enseñarlo a mis hijos (a pesar de que ellos han tenido fuerte curiosidad por la tradición católica preconciliar, ¡vaya caso!), sino porque ese día haría lo que nunca me imaginé que podría hacer algún día de mi vida: asistir por primera vez a una Misa preconciliar acompañado de mi esposa y mis hijos, pero, ¿cómo llegamos a esto?, ¿me hice Lefevrista?... Nada de eso, pero para explicarlo, necesitamos irnos un poco atrás en el tiempo.

           El día 7 de julio del 2007, el entonces Papa, Benedicto XVI publicaba la carta apostólica en forma Motu Proprio “Summorum Pontificum”, con la cual permitía la celebración de la Misa utilizando el Rito del Misal editado por el Papa San Juan XXIII, Misa que ya San Juan Pablo II había autorizado desde 1984 y recomendado en 1988 previa autorización del Obispo de cada lugar. Si ya la había autorizado San Juan Pablo II ¿para qué volverla autorizar ahora? Es que ahora ya podría celebrarse libremente de manera privada por los sacerdotes sin la necesidad de solicitar permiso expreso al Obispo. Igualmente, a esta celebración podrían ser admitidos también aquellos fieles que lo pidieran voluntariamente.

            Es decir, que de manera libre, la Misa podría, desde esa fecha (7 de julio del 2007) celebrarse con el Misal de San Juan XXIII (1962): en latín, ad Orientem y con los ritos y oraciones anteriores a la renovación litúrgica del Concilio Vaticano II, Misa conocida comúnmente como Misa Tridentina, Misa de San Pío V o simplemente Misa Tradicional y que ahora conocemos como el modo extraordinario del rito latino, como complemento al modo ordinario del rito latino, que es la Misa tal y como la conocemos y se celebra comúnmente. Ahora sí, un comentario respecto a la expresión “de espaldas al pueblo”:

           Es increíble cómo las palabras modifican nuestra forma de ver las cosas: siempre se nos dijo que antes se celebraba de espaldas al pueblo, tal vez en el afán de encomiar los logros de la liturgia renovada en la que se introdujo plenamente al pueblo en la celebración en la que antes parecía totalmente ajeno; pero nunca se nos dijo (y hasta ahora es que muchos lo descubrimos) que era porque se celebraba de cara a Dios, el sacerdote en nombre de los fieles ofrecía el Sacrificio, como el general que estando a la cabeza, mira en la misma dirección que su ejército; cómo estaremos celebrando la Pascua eterna: de cara a Dios. Esta forma de celebrar, conocida como “ad Orientem” es decir al oriente, donde nace el Sol de justicia y desde donde esperamos que algún día regrese nuestro Señor, expresa de manera singular el carácter sacrificial de la Misa y el papel sagrado del sacerdote que ofrece en nombre de todos este Sacrificio a Dios Padre.

             Conocido es que durante la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II hubo un grupo de sacerdotes y fieles que no aceptaron los cambios y continuaron celebrando la liturgia como lo había celebrado la Iglesia hasta ese momento, creando la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) con el Arzobispo Marcel Lefevre a la cabeza (conocidos comúnmente como “Lefevristas”) lo cual ocasionó finalmente un cisma en pleno siglo XX. Actualmente, con la declaración de vigencia del modo extraordinario del rito latino,  ha habido acercamientos de Roma y de la FSSPX para lograr la reincersión plena de la Fraternidad en la comunión de la Iglesia sin llegar todavía a un estatus canónico claro.

              Por otro lado, en 1988 SS San Juan Pablo II dio reconocimiento como Sociedad de Vida Apostólica a la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP) que forma sacerdotes en el cuadro de la liturgia tradicional del rito Romano, y que pueden celebrar la Misa Tradicional en plena comunión con la Iglesia Católica Romana.

          En mi diócesis (Cd. Juárez) no hay ninguna parroquia que celebre la Misa con el rito extraordinario, ni tampoco existen sacerdotes de la FSSP, motivo por el cual veía muy lejano el día en el que pudiera acudir a una Misa Tridentina. Hasta esta semana…

             Casualmente me enteré que en la diócesis de El Paso Texas sí había una parroquia en la que se celebra Misa Tradicional por parte de sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Lo descubrí el viernes y el sábado ya estábamos haciendo planes para asistir el día siguiente en dicha parroquia. Ángel, el mayor y Fernando, el segundo, se entusiasmaron con la idea. Dos chicos de 18 y 16 años que todavía hace dos años me regateaban la asistencia a la Vigilia Pascual porque era una Misa de más de 2 horas, ahora nos impulsaban a mi esposa y a mí a asistir a una Misa dominical que duraría esas mismas dos horas. Tal es el grado de atracción que la liturgia tradicional provoca entre ciertos jóvenes. Doy gracias a Dios por ello. Su madre también había descubierto, sin sospecharlo yo, la misa Tridentina mediante algunos videos explicativos y también estaba muy interesada en participar. El menor, Andrés, de 13 años, era el menos entusiasta en la idea, porque no le iba a entender a una Misa en latín, además, la homilía, que era lo único que tendríamos en lengua vernácula, sería en inglés, por ser una parroquia de Estados Unidos. Aun así, asistiría con nosotros, no tenía opción.

          Y ahí estaba yo, con ese viejo Misal en las manos, sería el único mapa que nos guiaría por una celebración que nunca habíamos vivido y en la que seguro nos perderíamos sin su ayuda y tal vez incluso aún con su ayuda. (Continuará...)

sábado, 10 de septiembre de 2016

Marcha a favor de la familia.

        No es poco lo que nos estamos jugando. Por primera vez en nuestra nación se presenta una iniciativa de ley que intenta imponer la ideología de genero y su adoctrinamiento mediante el sistema educativo nacional, siguiendo la tendencia de todo occidente que pretende, en aras de un malentendido sentido de tolerancia, reinventar el concepto de familia para aplicarlo a toda clase de sociedades de convivencia.

         Varias organizaciones de la sociedad civil, que creen en el modelo de familia encabezado por un hombre y una mujer que se aman, han organizado marchas en más de 100 ciudades del país para manifestar nuestro apoyo a la familia.

      Muchos han atacado esta iniciativa con diferentes argumentos: estamos en el siglo XXI, deberían marchar en contra de la pederastia, es muestra de gente retrógada, y un largo etcétera.

      Y aunque no es la Iglesia Católica quien la organiza, (de hecho la apoyan también grupos evangélicos), se considera que esta es una marcha catolica. Pues bien, repito, ni es poco lo que nos estamos jugando como para estar indiferentes o rechazar la invitación sólo por considerar que quien organiza no tiene la autoridad moral para hacerlo, que la tiene, y no poca. Fuera la Iglesia o fuera otra Institución, toda la sociedad debería participar, porque debemos decirle al Gobierno, de la única manera que parece entender, varias cosas:

- Que desde que el Hombre es Hombre, la única forma natural para que la pesona humana nazca, crezca y se desarrolle ha sido la familia, una familia encabezada por un hombre y una mujer que tienen como misión primordial custodiar, mediante el amor y la educación, el tesoro de sus hijos.

-  Que aunque nadie se opone a que existan personas que de manera privada decidan establecer estados de convivencia diversos a la familia, nunca podrán equipararse esas relaciones de convivencia a una familia, hacerlo sería como decretar que el jugo de manzana a partir de ahora será igual al jugo de naranja y se le podrá llamar jugo de naranja indistintamente, sólo porque la ley lo dice. Esto nos lleva al siguiente punto:

-  Que es el Hombre, las familias y la sociedad quien define las atribuciones, ser y quehacer del Estado y no el Estado quien define al Hombre, a la familia y a la sociedad. Al pretender hacerlo, el Estado se está extralimitando en sus funciones.

-  Que un Estado que intenta por decreto ir en contra de la familia redefiniendola, atenta contra la sociedad que le ha otorgado la custodia de lo que conforma su célula primaria, traicionando la encomienda que de ella ha recibido.

- Que yo, como padre, decido la educación de mis hijos y NO es el Estado quien decide lo que mis hijos recibirán de educación respecto a lo que es el Hombre, frente a la muy de moda ideología de género.

- Que un Estado que no entiende eso, no está lejos de convertirse en un Estado totalitario, por muy democrático que se diga ser, tan totalitario como la Inglaterra de Enrique VIII, la Alemania de Hitler y el régimen soviético, porque ellos pretendían definir lo que las personas debían creer y pensar.

Así que mientras otros esperan una marcha que se acomode a su forma de pensar, yo saldré a dar la cara por mis hijos, por mi familia y por mi sociedad. El día que se pretenda legalizar el "derecho" a la pederastia, para que deje de ser un crimen (como se está haciendo por el aborto o la eutanasia) tenga por seguro que su servidor y conmigo toda la Iglesia (pastores y fieles) saldremos a las calles como lo hemos hecho antes, cómo lo hacemos ahora.

Y aunque tengo todo el derecho a defender mi postura con argumentos que me da mi fe, he decidido sólo exponer algunas de las ideas filosóficas, sociológicas y políticas que sustentan por sí mismas mi postura, para que no se crea que la defensa de la familia corresponde sólo a los católicos, es un principio que define al Hombre mismo frente al Estado y que todo hombre, como usted o como yo, debería defender.

sábado, 25 de junio de 2016

Cuando la noche cayó en Orlando.

         Siempre he pensado que si hoy el Señor volviera a este mundo, no en la majestad de su gloria, como lo esperamos todos los que aguardamos su regreso al final de los tiempos, no así, sino de la misma forma en la que bajó hace dos mil años: humildemente y con su mensaje de misericordia, amor y perdón.

         Siempre he pensado, repito, que si el Señor volviera a este mundo, no comería con publicanos y prostitutas, no; lo más probable es que buscara la compañía de homosexuales, lesbis y transgenero, sin culparlos, sin señalarlos, sencillo, viéndolos como lo que son en realidad: personas con virtudes y méritos excepcionales.

          Y tal como entonces, quienes se consideraran religiosos y amantes de Dios se escandalizarían por su actuar e incluso cuestionarían su autoridad moral, hasta llegar al extremo de buscar deshacerse de él para evitar el mal ejemplo.

          Estoy convencido de ello, ¿por qué nos sorprendería que nuestro Dios siguiera siendo el mismo Dios de hace dos mil años, el Dios de siempre? Él, que es la perfección sin tacha; Él, que es el Sumo Bien en sí mismo; Él, que descubre manchas en las mismas nubes del cielo y que había venido a estar cerca de sus hermanos, los hombres; Él, que ama a los pecadores hasta dar la vida por ellos, ¿podría dejar de buscar a los que son apartados, a los que son señalados, a los que son excluídos? Yo no lo creo.

          Y al igual que entonces, aunque no todos los publicanos se convirtieron y no todas las prostitutas cambiaron de vida, no por eso Jesús dejaba de llamarlos a estar con él y a volver su vida de cara a Dios; hoy también, muchos seguirían orgullosamente su estilo de vida, sin encontrar en la mirada del nazareno la llamada de un Dios que los quiere para sí y sin embargo, Jesús los seguiría llamando, los seguiría amando, porque el amor se da, no se vende a base de buenas acciones.

        Con esto, no pretendo justificar el estilo de vida de nadie, tampoco Jesús lo hizo cuando se quedó a comer con Zaqueo, al contrario, lo buscó para que dejara su anterior vida: pero lo hizo invitando, no condenando.

        No, no me extrañaría que nuestro Señor buscara a los grandes pecadores, no me conviene siquiera pensar otra cosa, porque yo soy uno de ellos y no tengo por qué lanzar la primera piedra.

        Pero lo que Jesús sí hizo fue dejar bien clara la verdad, aunque doliera: El plan de Dios en un principio era que el hombre se uniera a su mujer y formaran los dos una sola carne que no podría separarse ya. Dios los quería uno a él y a ella, aunque muchos,  con la mismísima ley de Moisés en la mano, sostuvieran que tenían el derecho a divorciarse, a ellos les dijo: "Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre". Jesús era misericordioso, sí, pero no podía faltar a la verdad, aunque no fuera políticamente correcto.

         Por eso, estoy convencido que, si bien Jesús buscaría y conviviría con la comunidad LGBTTTI en plan Dios, como sólo él sabe hacerlo y que llamaría hipócritas y sepulcros blanqueados a los que señalaran a sus hermanos como pecadores e indignos, también estoy seguro de que hoy en día, Jesús diría con Verdad: "El plan de Dios en un principio fue que el hombre se uniera a su mujer" y si ustedes, con las leyes en la mano proclaman que tienen derecho a formar una familia dos hombres o dos mujeres, Yo les digo: "En un principio, el plan de Dios no fue así". Por eso, aunque no juzgo a mis hermanos con preferencias sexuales diferentes a las mías (sólo Dios juzgará a todos al final) no puedo faltar a la verdad y aceptar el mal llamado "matrimonio" entre personas del mismo sexo, porque no responde al plan original de Dios, disculpen, en conciencia, no puedo.

         Para terminar, me escandalizó el comentario de un pastor protestante que se hizo famoso en Florida por decir, palabras más, palabras menos: "No me entristece la matanza de Orlando, al contrario, siento que ahora este país es más seguro, lamento que ese hombre no terminara el trabajo y los matara a todos" y continuaba: "me gustaría que el gobierno los agarrara a todos, los pusiera contra la pared y les volara la cabeza". Lo que más impotencia me dio fue saber que como él, muchos "cristanoides" piensan que lo sucedido aquella noche fue un castigo merecido.

             A esos tales, les tengo una anécdota que le sucedió a Jesús, nuestro Maestro, y que nos muestra cómo reaccionaría Jesús al conocer lo que sucedió hace unos días en Orlando. (Lucas 13,1-5):
      
              Llegaron unos a decirle a Jesús que Pilato había mandado matar a unos judíos en el mismo Templo de Jerusalén. Jesús les respondió: "¿creen acaso que aquellos judíos por haber muerto así eran más pecadores que ustedes?, les aseguro que no y si ustedes no cambian de vida..."

         Un cristiano nunca podrá alegrarse por la muerte de nadie, mucho menos por la muerte de gente inocente, como las personas muertas en el bar de Orlando.

        Inocentes, sí, porque no merecían morir; inocentes, porque alguien les arrebató injustamente su derecho a vivir y a ser mejores; inocentes, porque nadie puede tirar la primera piedra. Por ellos mi oración y desvelo de esta noche, que no vuelva caer la oscuridad sobre la humanidad como aquella noche, en Orlando.

         

         

lunes, 22 de febrero de 2016

Simplemente pienso diferente.

          "Librepensador" fue un término acuñado a finales del siglo XVII. Establecía que la búsqueda de la verdad debía realizarse desde la capacidad lógica del pensamiento y no desde el establecimiento de dogmas por parte de una autoridad.

           Esta forma de pensamiento representó un rompimiento frente a la doctrina moral y teológica de la Iglesia: ya no se aceptarían las verdades establecidas por la autoridad religiosa, sino que cada quien quedaría en libertad de cuestionar las verdades hasta entonces inamovibles y de buscar la Verdad con sus propios esfuerzos, mediante la reflexión filosófica y el método científico.

         La Iglesia dejó de ser "Mater et Magistra", (Madre y Maestra) y en México esta forma de pensar desató las pasiones a lo largo del siglo XIX y principios del XX, cuando los jóvenes liberales se plantaron frente a la moral y a las "buenas costumbres" de la sociedad conservadora de aquél tiempo.

         Hoy en día, hay que aceptarlo: para el común de la gente, en gran parte llamados a sí mismos católicos,  la "opinión" de nuestra Iglesia es una entre muchas voces, a veces incluso, es considerada una voz desacreditada.

Hoy está de moda burlarse de las ideas "retrógadas" de la Iglesia.

Hoy está de moda ir en contra de una institución que ha "vivido de la ignorancia de la gente".

Hoy está de moda linchar públicamente a todos los clérigos, acusándolos de pederastas.

Hoy está de moda tachar a los "pro-vida" de hipócritas e insensibles.

         ¿No será que hoy la sociedad se basa en nuevos dogmas; ahora establecidos, no por la Iglesia, sino por los medios de comunicación, el gobierno y las estructuras supranacionales?

Dogmas que establecen que el valor del hombre radica en su capacidad de producir y de consumir.

Dogmas que establecen que todo es permitido, siempre y cuando no "hagas daño" a los demás.

Dogmas que rezan que cada uno puede tener su propia verdad y regirse por ella.

           Si es así, ahora yo reivindico mi derecho a pensar diferente, como antes lo reivindicaban los librepensadores.

Y es que hoy necesitas pensar diferente para escapar del consumismo inhumano que nos asfixia

Necesitas pensar diferente para no creer que todas las doctrinas son buenas en sí mismas.

Necesitas pensar diferente para tomar el Evangelio y regir tu vida con sus enseñanzas, aunque se burlen de ti.

          A la humanidad le urgen personas que piensen diferente, que vayan por el mundo pregonando que para ser libres nos liberó Cristo y que sólo en él encontrará descanso y rumbo esta civilización actual.

           Así que; ante un mundo que establece que el relativismo moral, la interrupción del embarazo, las preferencias sexuales alternativas y la muerte asistida son opciones para el hombre de hoy, yo reafirmo que soy moralista, dogmático y respetuoso de la vida en todas sus etapas. ¿QUÉ LE VOY A HACER?... ¡SIMPLEMENTE PIENSO DIFERENTE!

viernes, 19 de febrero de 2016

Lo que Ciudad Juárez le dio al Papa, al mundo y a sí misma.

                La visita del Papa a Ciudad Juárez fue espiritualmente muy edificante, no sólo por el mensaje que tuvo para nosotros el Santo Padre, fue la misma ciudad la que lanzó un poderoso mensaje al Papa, al mundo, a México y, lo más importante, a sí misma. Lo anterior nos debe llenar de orgullo pero, más importante, nos debe llenar también de esperanza. Por eso quiero poner a consideración algunos detalles que hicieron muy especial la visita a Ciudad Juárez dentro de la visita pastoral de Su Santidad, Francisco.

La recepción más alegre del viaje apostólico.


Esta no sería cualquier bienvenida: una orquesta de niños, un grupo enorme de monaguillos, adultos que los cuidaban, todos en una tribuna impresionante y una explosión de alegría fue la primera impresión del Papa al llegar a esta frontera. El mismo López Dóriga que había cubierto la totalidad de la visita del Papa tendría que confesar: “Es la recepción más alegre que ha tenido el Papa en esta visita”. Al ritmo de “La cumparsita”, un tango tan tradicional en Argentina como en México es “El Cielito Lindo”, se mostró una primer “probadita” de la calidez de esta ciudad.



La ciudad más arreglada para recibirlo.
                No fue la ciudad más bonita que lo recibió. La nuestra, es una ciudad llena de las cicatrices de violencia y años de olvido gubernamental, sin embargo, sí era la Ciudad con más pendones, espectaculares y mantas dándole la bienvenida. Hasta el cielo quiso vestir su más hermoso traje azul, sin una sola nube y el día con clima más benévolo de toda esta temporada invernal, antes de las tormentas de arena de la primavera y el ardiente calor del verano.


El espíritu de acogida de la frontera se dejó ver.
                En el desierto, la hospitalidad es un valor imprescindible: sin ella el forastero puede perder la vida ante las condiciones de la intemperie. Eso hace que los habitantes de estas tierras seamos cordiales con el que viene de fuera, fue hermoso ver como la gratuidad, la amabilidad y la acogida de los juarenses lució en su máximo esplendor.

La ciudad que bendijo al Papa.
                Al llegar al CERESO #3 de Ciudad Juárez, el Papa pasó a un espacio donde estaban los familiares de los internos, los saludaba y bendecía, de pronto se encuentra con una mujer emocionada, seguramente madre de uno de los presos, que en su sencillez, hace lo impensable: en vez de recibir la bendición del Papa, ¡le da la bendición a él!, inmediatamente me recordó el momento en el que, al salir al balcón de la Plaza de San Pedro el día de su elección como Papa y antes de dar su bendición “Urbi et Orbi”, Francisco pidió la oración de todo el pueblo de Dios por él.

Unos reos al amparo de la Virgen de Guadalupe y acompañados de un preso santo.
                El Papa bendeciría la capilla del CERESO #3 de Cd. Juárez, que levantaron los mismos presos y en cuyo interior podían apreciarse, no podía faltar, una hermosa réplica de la imagen de la Virgen de Guadalupe; pero también, y me maravilló, un detalle muy hermoso: la imagen de San Maximiliano María Kolbe, el preso del campo de concentración Nazi en Auschwitz, que daría su vida a cambio de un padre de familia, dando consuelo y sentido al encierro del centro penitenciario.

Una enorme catequesis penitenciaria ofrecida por una interna del CERESO.
                Con una altura teológica alcanzada, no por el estudio, sino por una estremecedora experiencia de vida, una interna del CERESO,  Evila Quintana, abría su mensaje con una denuncia: “Su presencia aquí es un llamado para quienes se olvidaron de que aquí hay seres humanos”, que luego pasaría a una reflexión llena de esperanza. Cuando terminó, el pensamiento fue inmediato: “ni siquiera un obispo podría haber hablado con una profundidad así”, este mensaje dejaría el terreno abonado para que Su Santidad dirigiera un mensaje lleno de amor y misericordia hacia los internos y, al mismo tiempo, lleno de retos a la sociedad para crear estructuras más justas que no excluyan, ni orillen a nadie a infringir las leyes. Cuatrocientos centros penitenciarios de México y Estados Unidos estarían participando en este evento, que el Papa quiso convertir en un Jubileo de la Misericordia para los presos.  

Un báculo pobre para un pastor pobre.
                Un preso le regaló al Papa un báculo de madera, tallado por él mismo, bello, pobre, pero muy digno. El Papa, en cuanto lo recibió, dio instrucciones a su personal, que de momento no conocíamos, pero que se notaban muy precisas y que sólo hasta la tarde descubriríamos: ese báculo sería el que el Papa utilizaría en la Misa de despedida.

Los prisioneros que evangelizaron al mundo.
                Ver el orden de los presos, su silencio, su respeto y lo más sorprendente: quebrarse ante las palabras de consuelo del Papa, fueron un mensaje que, a los que nos encontramos fuera, nos cuestionó. Uno de los momentos más emotivos de ese día sería cuando el Papa se acerca a dos reos, toma la mano de cada uno de ellos, ellos se arrodillan y, con lágimas en los ojos, rezan un momento con el Santo Padre. La sola imagen habría valido por todo el día. ¿Quién no se quebró con las imágenes de reos llorando, perdonando y pidiendo por una sociedad que los ha orillado a cometer errores y los ha excluido? Los reos de Ciudad Juárez, ese día tuvieron un gesto de misericordia para con todos nosotros.

Liderazgo femenino.
                Los juarenses que, tanto en la prisión como en el gimnasio del Colegio de Bachilleres, se dirigieron al Papa, fueron mujeres; ambas, madres de familia. Cada una en su contexto, supo articular un mensaje fuerte y directo, al término de los cuales cualquier juarense debería sentirse orgulloso. Era muy simbólico ver a Deysi Flores dirigirse al Papa, mientras su esposo Jesús Gurrola cargaba a su pequeña hija y cuidaba a su hijo. “Juárez se ha puesto de pie, pero no queremos lanzar las campanas al vuelo”.  Falta de valores, ausencia de los padres en la familia por salir a trabajar, fueron los ejes de un mensaje lúcido y con total conocimiento de la realidad social del mundo del trabajo y el tono más gracioso de toda la visita: “cuidado, si toma agua de Juárez, en Juárez se va a quedar”.

La respuesta en el punto.
Todos nos preguntábamos si llegaríamos a llenar el lugar, una ciudad sí, muy trabajadora, pero que por el mismo trabajo a veces se muestra apática a las iniciativas comunitarias. Una Iglesia que es activa, pero que nunca había dado un testimonio tan grande de fe Y GRANDE EN TODA LA EXTENSIÓN DE LA PALABRA. Veíamos las transmisiones de las Misas en otras ciudades y quedaba la inquietud de cómo nos iría a nosotros. ¡Y lo logramos!, no sólo los ríos de juarenses y visitantes llegaron al punto, sino que la alegría se desbordó, ¡y los gritos! No creíamos que en Juárez tuviéramos tanto: ese coro, esa orquesta y tantos hermanos. Lo dijo Francisco: “¡México es una sorpresa!”, y creo que los primeros sorprendidos fuimos nosotros mismos.

Una voz que clama en el desierto, frente al río.
                Y tenía que ser en Cuaresma, una cruz, un río, una malla y Pedro orando por los que han muerto y por los que cruzan con esperanza de una vida mejor. Una bendición que traspasaba la frontera, llegando a los que estaban detrás de la malla que divide a dos países, pero no a los corazones. Seguramente esa cruz será meta de muchas peregrinaciones, de los migrantes, pidiendo el amparo del Señor en su viaje, pero también de personas que acompañaremos su camino con nuestras oraciones y ayuda.

Un altar de piedra y un Cristo de madera labrada.
                Totalmente austero, propio de la Cuaresma, con tres enormes piedras extraídas de la sierra de Juárez, respetando los colores del desierto. Y un Cristo traído de Belén por el primer Obispo de la diócesis, Don Manuel Talamás Camandari, a quien todos recordamos con inmenso cariño.

La oración.
              El encuentro con los indígenas se había dado el lunes en Chiapas, sin embargo, eso no fue impedimento para que una mujer rarámuri presentara una de las peticiones de la Oración Universal. Más tarde,  el Papa, como regalo para esta ciudad tan lastimada, celebró la Eucaristía con la Plegaría Eucarística de la reconciliación.

El detalle para Nuestra Señora.
                Al final de la Eucaristía, el coro monumental tuvo un gesto muy bonito para nuestra Señora: cantar La Salve, muy tradicional dentro de la liturgia católica. El Papa, que ya se preparaba para salir del presbiterio, detuvo la procesión de salida y, mientras los obispos concelebrantes iban saliendo, se quedó a los pies de la imagen de la Virgen de Guadalupe hasta terminar el cántico.

                     La visita pastoral llegaba a su fin, y la producción televisiva  en repetidas ocasiones ponía a cuadro la cruz de los migrantes con el Río Bravo de fondo y el hermoso atardecer de nuestra ciudad en el horizonte… y un helicóptero de la patrulla fronteriza de los Estados Unidos. No cabía duda: Eso era Juárez, una ciudad que daba testimonio de estar de pie y de una fe acrisolada por el dolor y el desierto.

lunes, 20 de enero de 2014

¿Vivimos para el Señor?


 
             “Si vivimos, para el Señor vivimos” (Rom. 14,8) esta breve frase de San Pablo, encierra en sí misma un proyecto de vida para todo aquél que se llama cristiano, tan amplio y retador, que nos llevará la vida entera tratarlo de hacerlo vida y sólo hasta nuestro último día sabremos si lo habremos logrado.

             La Palabra de Dios debe calar hondo en nuestro corazón e interpelar nuestra vida, si no, no estamos escuchando claramente la voz de Dios que nos habla,  y ante esta frase de San Pablo a los Romanos, varias reflexiones vienen a mi mente, muchas de ellas no son fáciles, pues se trata de los más íntimo de nosotros.

             El hombre es un ser libre y en su libertad, Dios ha querido que pueda incluso llegar al extremo de rechazarle y a darle la espalda, si eso es lo que quiere, de ahí que la libertad que Dios ha depositado en el hombre es casi total.

             Digo “casi total” porque la única excepción, la única cosa en la que el hombre no es libre, es para desear o no la felicidad, el deseo de la felicidad está sembrado en el corazón de todo ser humano, no hay hombre que no desee ser feliz,  aunque busque esa felicidad en objetos equivocados, aún el hombre que se suicida, busca dejar de sufrir al quitarse la vida, y con esto, alcanzar de alguna manera la felicidad.

             De esta búsqueda de felicidad nace en el hombre la motivación para todos sus afanes en la tierra: si el trabajo, si la fama, si el poder, si el dinero, si el aplauso, todo, absolutamente todo es motivado por el hambre de felicidad que Dios ha depositado en el hombre.

             Este deseo de felicidad que parece insaciable, lo es porque en suma, Dios ha querido que esa hambre, el hombre la satisfaga en su Creador, fin último de su existencia, y que sólo en él se vea satisfecha, por eso cuando se busca la felicidad en algo que no es Él, queremos siempre más y más, sin que parezca haber límite, y es que la sed de felicidad del hombre es ilimitada, por eso, sólo un ser ilimitado puede saciarla.

             Y aquí viene el meollo del asunto: ¿en dónde tengo centrada mi búsqueda de felicidad?, ¿cuál es el fin último de mi existencia y el objeto de mi más grande amor? La respuesta correcta a esta pregunta es obvia y la sabemos de antemano, pero lo tremendamente delicado y que podemos pasar por alto es que nuestro último fin puede estar, no en Dios, sino en nosotros mismos.

             Conocidas son las palabras de San Agustín: “dos amores han fundado dos ciudades: el amor de sí, hasta el desprecio de Dios y el amor de Dios, hasta el desprecio de sí. El primero ha fundado la ciudad del mal, del desorden, de la confusión, la infernal Babilonia; el segundo, la del orden, de la paz, la eterna Jerusalén”. Aquí los tenemos: dos amores supremos, opuestos contrariamente entre sí, a los cuales se subordinan todos los demás amores.

             Y aquí entra la gran pregunta: todo lo que hago (y he hecho) en mi vida, ¿ha sido por un amor incondicional a Dios, o ha sido, por un amor incondicional a mí mismo?, ¿he estado buscando mi felicidad en Dios, o me he estado buscando a mí mismo? Aún quienes servimos (y tal vez más nosotros) en algún tipo de apostolado, debemos hacernos esta misma pregunta: Con mi servicio en la Iglesia, (y aquí pon tu ministerio particular) he estado buscando la Gloria de Dios (como decía San Ignacio) o me he buscado a mí mismo.  ¿He buscado sentirme “bueno”, “admirado”, “salvado”? constantemente debemos hacer esta purificación de intenciones, porque podemos, sin quererlo, caer en un fariseísmo, que se autocomplace en una supuesta bondad propia, creyéndose mejor que los demás, y ya sabemos qué piensa Dios de alguien así.

             Bien sabemos que al final de nuestros días, se definirá a quién hemos hecho objeto de nuestro Gran Amor en esta vida, y no habrá más que dos opciones: o habremos hecho a Dios centro de nuestra vida, o tal vez (espero que no) habremos hecho girar todo alrededor nuestro, convirtiéndonos en nuestro propio dios personal buscando en todo satisfacer nuestro yo, (inclusive en las obras aparentemente piadosas).  Esto es un problema totalmente trascendente, porque de nuestra decisión final dependerá la suerte eterna de nuestra alma, si hemos buscado en todo a Dios, Dios se nos dará a sí mismo para siempre, en cumplimiento pleno de nuestra sed de felicidad, y ésta será eterna; si por el contrario, nos hemos buscado a nosotros mismos, habremos tenido ya nuestro premio en esta vida, y nos encontraremos en la eternidad con que equivocamos el camino, irremediablemente y para siempre.

             Entonces, parafraseando a San Pablo: Si vivimos… ¿vivimos para el Señor?

martes, 17 de abril de 2012

¿Crees lo mismo que nosotros?

                 Son bastantes los grupos de hermanos cristianos no católicos que se acercan con el afán de hacer proselitismo entre hermanos católicos ofreciendo una experiencia de Cristo y tratando de allegarlos a su grupo religioso. Cuando esto sucede una primera alarma se dispara en el subconsciente del católico (independientemente de que sea practicante o no): “aceptar acudir a esta iglesia es renunciar a la fe que heredé de mis padres”, (a veces más preocupados por el agravio a los progenitores que del agravio a la propia fe, pero al menos, para efectos de guardar el 4° mandamiento, la consideración vale), esta alarma interior, aunque nacida no propiamente de la experiencia de fe, sino de respetos humanos (en este caso a los padres) es de cualquier forma suficientemente poderosa para que el hermano católico levante la guardia y se niegue a aceptar la invitación que le ofrece el no católico.

                Sin embargo, estos grupos cuya capacidad de argumentación y de persuasión al menos hay que reconocerles, tienen un discurso para evitar que el católico sienta que está traicionando la fe de sus padres: “en nuestra Iglesia creemos lo mismo que los católicos”, incluso les comentan que no hay inconveniente para que ellos sigan acudiendo a la Iglesia católica, al mismo tiempo que asisten al culto de su iglesia.

                La trampa está tendida: “no hay aparentemente conflicto entre lo que me enseñaron de pequeño y lo que me invitan, puedo seguir siendo católico y asistir a esta otra experiencia de fe”, la guardia está baja, no ha habido una profundización de la fe y por tanto se está totalmente expuesto a asistir a la nueva “congregación”, “iglesia”, “hermandad”, “experiencia” o como sea que se presente este grupo y a dejarse engañar por una doctrina que aparenta ser igual a la mía, pero poco a poco y sin ser perceptible, se va dejando de celebrar, estudiar, creer y amar lo que representa los fundamentos de nuestra fe católica. Desafortunadamente en este punto, nuestro querido hermano católico engañado, difícilmente puede darse cuenta de los errores de esta nueva fe, porque nunca estudio la verdadera doctrina y además ya ha sido catequizado en esta nueva creencia que le ofrece una experiencia de Dios a la cual difícilmente renunciará. En resumen, nuestro pobre hermano, nunca sabrá lo que perdió.
                Es por eso que desde un principio, querido hermano católico, ante el argumento de estos grupos religiosos, deberías hacer las siguientes preguntas, a fin de determinar si efectivamente estos hermanos que te invitan creen lo mismo que nosotros:
  • ¿Creen que Cristo es Dios Hijo, Verbo eterno de Dios Padre nacido de Santa María Virgen por obra y gracia del Espíritu Santo?
  • ¿Creen que después de su resurrección fundó Su Iglesia sobre la roca de Pedro y los apóstoles?
  • ¿Creen en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica, la Comunión de los santos, el Perdón de los pecados y la Vida eterna?
  • ¿Creen que antes de volver al Padre, Jesús dejó los 7 Sacramentos para la edificación y santificación de los hombres y que constituyó a la Iglesia como su legítima administradora?
  • ¿Creen que está vivo y verdadero en el Pan y el Vino consagrados con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad y celebran diariamente el Santo Sacrificio de la Misa, según las normas y rúbricas de la Iglesia Católica?
  • ¿Creen que María es Madre de Dios, concebida sin pecado,  siempre Virgen y que fue asunta a los cielos?
  • ¿Creen que el primado de Pedro subsiste actualmente en la persona del Obispo de Roma, el Papa?
                Hermano católico, si tu interlocutor no contesta con un simple y rotundo TODAS las preguntas, sino que inicia una verborrea de peros, argumentaciones, citas bíblicas y demás elucubraciones para evitar decir la palabra NO... ni lo dudes un segundo: ese grupo “cristiano” no cree en la Sana Doctrina de la cual la Iglesia Católica es depositaria y que recibió de Cristo mismo, y por lo tanto, no es para nada equiparable a Nuestra Iglesia, da media vuelta y ni te preocupes por participar de una discusión con ellos... como dice San Pablo, “...eviten las discusiones inútiles que sólo sirven para perdición de quienes las escuchan” (2 Tim. 2, 14).

jueves, 22 de marzo de 2012

Certificación Catholic.net


                Con mucha alegría les compartimos que este blog ha obtenido la certificación Catholic.net, esta certificación nos permite poder colocar en nuestro sitio el logo de Catholic.net, pero ¿qué es lo que este logo significa?

                Primero, que el material y las reflexiones que puedes ver en este blog han sido revisadas y aprobadas por expertos de ese portal católico, los cuales han certificado que lo aquí expuesto no está en contra de la doctrina de la Iglesia y puede ser leído con confianza por los católicos que así lo deseen, esto es importantísimo, dado que hoy por hoy en Internet nos podemos encontrar de todo (bueno y malo) y desafortunadamente, mucha doctrina dudosa está mezclada a veces con sana enseñanza en sitios que "se dicen" católicos, en pocas palabras: existe una red de sitios que distribuyen la sana doctrina, y nuestro Blog es uno de ellos.

               Segundo, por esta certificación podrás encontrar en este blog enlaces directos al portal de Catholic.net o bien encontrarás material publicado en dicho portal (en todos los casos se citará la fuente de Catholic.net y se respetará la integridad del texto, encontrando una liga al portal original).

              Tercero, tenemos la posibilidad de publicar contenidos en el portal de Catholic.net y existirá una liga de ese portal a nuestro Blog.

              En definitiva, esta certificación nos compromete aún más en nuestro esfuerzo evangelizador desde este humilde Blog y nos alienta a seguir sembrando, fieles a la misión recibida de Nuestro Señor Jesucristo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

           
             29 de septiembre, fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. De todos los ángeles del cielo, son siete los arcángeles que tienen entrada a la Gloria de Dios y sólo conocemos de manera particular a tres de ellos por su nombre: Miguel, el príncipe de la milicia celestial; Gabriel, a quien le cupo el honor de llevar el mensaje de la Encarnación del Verbo a Nuestra Señora y Rafael, a quien se dedica un libro entero de la Biblia, en el cual tiene la misión de ser compañero de viaje de los hombres… luego veremos más detalles al respecto.
Fuera de la actual “moda” impuesta por la pseudo espiritualidad de la New Age, en la que se acostumbra honrar a los ángeles, rezando a ellos y venerándolos, pero más que hacerlo como lo que son: santos mensajeros de Dios, encargados de ejecutar sus órdenes. Se toman absurdamente como energías espirituales, que nos ayudan a ascender en el plano de la conciencia, al margen de Dios, o si acaso, considerando a Dios también como una energía cósmica que ordena y mantiene el universo… al punto de que incluso se mencionan innumerables nombres, (sacados de la manga, claro) que nada tienen que ver con la Revelación cristiana, y mucho tienen que ver con religiones esotéricas y espiritualoides…  aunque los nombres de los otros 4 arcángeles suelen basarse en libros apócrifos judíos, no forman parte, como he dicho, de la Divina Revelación.
Cuidándonos de esa falsa idea, los católicos podemos caer en el error (y algunos lo hemos hecho) de irnos al otro extremo: de minimizar su participación en la historia de la salvación y mantener al margen a estos amigos del cielo y de olvidar la doctrina católica, según la cual los ángeles son fieles cooperadores de la Providencia de Dios y que en específico, estos tres ángeles príncipes (eso significa la palabra “arcángel”) merecen un lugar relevante dentro de nuestra historia de salvación y por tanto de la devoción del pueblo de Dios.
De tal manera que la devoción a estos tres arcángeles no sólo no es contraria a la doctrina Católica, sino que es recomendada por la iglesia  en la voz de varios Papas y santos.

“¿Quién como Dios?”, es el significado del nombre de San Miguel. Según la Tradición, (basada en los escritos del Apocalipsis, Jeremías, e Isaías) cuando Luzbel, uno de los más encumbrados y bellos ángeles creados por Dios, se rebela contra él y exclama “¡non serviam!” (no serviré) debido a que se consideraba demasiado alto y perfecto para tener como Rey a un hombre (el Verbo encarnado, Jesús) y por Reina a una criatura, por más perfecta que fuera (María), ya que al ser humana, era de naturaleza menor a la angelica. La soberbia de Luzbel llegó  al punto de pretender ser igual al Altísimo. Al grito de rebeldía de Luzbel se sumaron muchos ángeles, que según el Apocalipsis fue una tercera parte de la corte celestial (Ap. 12, 4). En ese momento, otro gran Arcángel de igual belleza y majestad que Luzbel se postró ante el trono de Dios y en un acto de adoración profunda exclamó en contra de Luzbel: “¡Quién como Dios!”, ese es nuestro amado Miguel. Se entabló entonces una gran batalla en el cielo, en la cual lucharon Miguel y sus ángeles, venciendo y arrojando al infierno a Lucifer y sus demonios (Ap. 12,7-10).



“Fuerza de Dios” es el significado del nombre de San Gabriel, aparece por primera vez en la Biblia explicando el sentido de una visión al profeta Daniel (Dan 8, 15-27; 9,20-27) en la cual le profetiza el tiempo en el que llegará el Mesías (Setenta semanas de años), él es el encargado de llevar el mensaje del nacimiento milagroso de Juan Bautista a su padre Zacarías, ante la incredulidad de éste por el anuncio, Gabriel responde: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios”, a él se le asigna la misión más alta que se le ha encargado a ángel alguno: llevarle a nuestra Madre María, el anuncio de la Encarnación del Verbo en su vientre purísimo, y llevar a Dios el “fiat” (hágase) por parte de María.

“Medicina de Dios”, es el significado del nombre de San Rafael, (por cierto, mi santo patrono), el libro de Tobías relata como Rafael es enviado por Dios para acompañar en un largo y peligroso viaje al joven Tobías (sin revelar su identidad), para cobrar una deuda, además de liberar a una doncella, Sara, de las garras del demonio Asmodeo (“El que hace perecer”) y de esta manera darla en matrimonio a Tobías, y por si esto fuera poco, para sanar de su ceguera a Tobit, el padre de Tobías. Por tales razones se le venera como compañero de peregrinos, custodio del amor matrimonial y médico de cuerpos y almas. Al final del libro, se revela con las siguientes palabras: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor”.


Por su victoria sobre Lucifer y sus demonios, a San Miguel Arcángel se le invoca como protector de la Iglesia,  y como defensa contra Satanás. En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano, cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo él veía. Su rostro tenía expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. De repente, se incorporó, levantó su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Qué le sucede su Santidad? ¿Se siente mal? 
El respondió: "¡Oh, qué imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.
¿Qué vio León XIII?  "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." Vio también a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.
Después de media hora, llamo al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entregó una hoja de papel y le ordeno que la enviara a todos los obispos del mundo, indicando que bajo mandato tenía que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí él había escrito:

“San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."
                Posteriormente, con la reforma litúrgica del Vaticano II esta oración fue eliminada de la liturgia, aunque el pueblo católico la ha conservado y rezado desde entonces de manera personal.


La palabra ángel significa “mensajero” y la importancia de un mensajero depende de la importancia del mensaje que comunica, si ese es el caso, muy alto debe ser el puesto entre los ángeles del Arcángel San Gabriel, pues fue quien llevó el mensaje de la Encarnación a la Madre del Verbo, y llevó su respuesta a Dios, es por eso que se le invoca como patrono de las comunicaciones, los embajadores y diplomáticos. De hecho tal vez sin pensarlo, hemos rezado la siguiente oración, que hace clara alusión al Arcángel San Gabriel y que forma parte de la oración del Angelus:
“Te suplicamos, Señor,
que derrames en nosotros tu Gracia
para que los que hemos conocido por el anuncio de tu ángel
la Encarnación de tu Hijo
lleguemos por su pasión y su cruz
a la Gloria de la Resurrección
por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amen.”



             La devoción a los Santos Arcángeles fue muy recomendada por San Josemaría Escrivá de Balaguer, quien era así mismo un gran devoto de ellos, respecto al Arcángel San Rafael solía decir que todos los padres de familia deberían encomendar a sus hijos a San Rafael, pues él acompañó a Tobías, el hijo de Tobit y lo regresó sano, salvo, con esposa y una gran hacienda a casa de sus padres. Desde que escuché esta recomendación de San Josemaría he sido un gran devoto de mi santo patrono, pues es bien sabido que en Cd. Juárez, ante los secuestros, extorsiones, robos y violencia, los padres estamos con el alma en un hilo cada vez que estamos lejos de nuestros hijos. Es por eso que en mi devoción personal, he compuesto esta oración a San Rafael Arcángel, que pongo a disposición de quien quisiera usarla de manera personal:
“San Rafael Arcángel,
tú que acompañaste a Tobías en su largo y peligroso viaje;
toma a mis hijos de la mano,
protégelos en su viaje por esta vida a la patria celestial,
que ningún mal los alcance,
que nunca se aparten del camino de Dios,
que sean buenos niños, excelentes jóvenes y hombres santos
que prefieran morir antes que pecar,
que sean el consuelo de su madre y el orgullo de su padre,
que practiquen el bien  y no tropezarán con el mal
para que al final de su camino
puedan gozar contigo de la Gloria de Dios, tres veces santo
y alabarlo en tu compañía y en la compañía de todos los ángeles del cielo,
por los siglos de los siglos.
Amén.”
             Como ven, lejos de ser una devoción pasada de moda, o de la lamentable deformación de las supuestas religiones y “ciencias” metafísicas, la devoción a los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, es una arma poderosa para el cristiano de estos tiempos difíciles, usémosla.

Dedicado a mi hijo: Angel Rafael.